on

Miedo escénico y miedo a volar: cómo preparar tu cuerpo antes y durante el momento de estrés

Exponerse ante otras personas, ya sea para hablar en público o para enfrentarse a una situación que sentimos fuera de nuestro control, puede generar una respuesta intensa de ansiedad. El miedo escénico y el miedo a volar son dos ejemplos claros de estrés puntual que activa cuerpo y mente de forma muy similar.

Entender qué ocurre en el organismo y cómo prepararlo antes y durante estos momentos es clave para reducir el impacto del estrés y recuperar la sensación de control.

¿Qué es el miedo escénico y por qué aparece?

El miedo escénico describe la ansiedad o el temor intenso que surge al exponerse públicamente: hablar, presentar, actuar o incluso expresar ideas y emociones frente a otros. Se considera una forma específica del trastorno de ansiedad social.

Aunque no existe una única causa, su aparición suele estar influida por varios factores:

  • Factores genéticos: la predisposición familiar puede aumentar la probabilidad de padecer glosofobia.
  • Factores ambientales: educación, entorno social y experiencias tempranas.
  • Experiencias previas negativas: haber sido ridiculizado o avergonzado al hablar en público.
  • Factores emocionales: estrés, ansiedad o situaciones personales difíciles.
  • Miedo a no estar a la altura: la autoexigencia y el perfeccionismo suelen actuar como detonantes.

Miedo a volar: cuando la falta de control genera ansiedad

El miedo a volar, o aerofobia, es más común de lo que parece. Se estima que dos de cada tres personas sienten cierto temor al subirse a un avión, y que una de cada cinco padece una fobia más intensa.

Entre los factores que alimentan este miedo se encuentran:

  • La altura a la que vuela el avión.
  • El recuerdo de accidentes aéreos reales o ficticios.
  • Volar de noche o sobre el mar.
  • La falta de conocimiento sobre cómo funciona un avión.
  • La sensación de claustrofobia y la falta de control.
  • Las turbulencias, interpretadas como una señal de peligro.

En ambos casos, el mecanismo es similar: el cerebro interpreta la situación como una amenaza y activa la respuesta de estrés.

Cómo preparar tu cuerpo antes de una situación de estrés

El primer paso es reconocer el estrés y aceptar que se trata de una respuesta natural. A partir de ahí, existen estrategias eficaces para preparar el cuerpo como la respiración diafragmática: colocar una mano en el pecho y otra en el abdomen y respirar de forma profunda y lenta. también la relajación muscular progresiva: tensar y relajar grupos musculares para liberar tensión y por último la meditación y mindfulness: especialmente guiados por un profesional.

Antes de una exposición pública, muchas personas encuentran útil recurrir a un suplemento natural con efecto relajante aproximadamente media hora antes, como apoyo para disminuir la activación física y facilitar la calma. Uno de los mejores del mercado es Keep Calm de Just Elements .

Keep Calm

Estrategias durante el momento de estrés de un vuelo

Durante la situación estresante, el objetivo es mantener el sistema nervioso en equilibrio en el miedo a volar, distraer la mente con lectura, música, películas o conversación. también elegir asientos con mayor estabilidad (zona de las alas), pasillo y cerca de salidas puede reducir la ansiedad, en otro lugar crear un entorno seguro usando un antifaz, tapones para los oídos y música relajante.

En vuelos largos, algunas personas optan por combinar productos naturales relajantes con fórmulas que favorecen el descanso para dormir durante el trayecto y reducir la percepción del estrés, con ayuda de Keep Calm y Regular Sleep para que te ayude a coincilir el sueño y estando relajado gracias a el Pack Relax Total.  

Regular Sleep


El miedo escénico y el miedo a volar no son señales de debilidad, sino respuestas normales del organismo ante situaciones percibidas como amenazantes. La clave está en preparar el cuerpo y la mente antes y durante el momento de estrés, combinando técnicas de relajación, información, hábitos saludables y, cuando sea necesario, apoyos naturales.

Aprender a gestionar estas situaciones no solo reduce la ansiedad puntual, sino que mejora la confianza, el bienestar y la calidad de vida a largo plazo.